miércoles, 28 de junio de 2017

Iris van Herpen: Transforming Fashion

El Museo de Arte de Dallas ha inaugurado una muestra sobre el original y casi incalificable trabajo de la diseñadora holandesa Iris van Herpen, cuyos diseños se balancean entre la artesanía y la innovación tecnológica, basada en la experimentación con novedosas técnicas y materiales. Su original forma de crear prendas combina procesos manuales con técnicas digitales de avanzada. "Esta pieza se ha diseñado primero a mano, después fue cortada a láser por máquinas, más tarde calentada en un horno y, finalmente, montada nuevamente a mano. Por esto la considero como una muy buena mezcla entre la actividad humana y la de las maquinas. Definitivamente creo que esta es una nueva forma de hacer Alta Costura, se invierte una gran cantidad de tiempo y de trabajo manual, pero luego lo combinamos con nuevos materiales y tecnología, por lo que se genera algo diferente", le dijo Iris a Susy Merkes, editora internacional de Vogue España, y quien la ha definido como la hechicera del estilo. 




“Lo que más tiempo lleva a la hora de diseñar una colección es la investigación. Lo que más me entusiasma es encontrar nueva técnicas, materiales y gente con la que trabajar. Es realmente un proceso de aprendizaje, de probar, experimentar y cometer errores. Creo que es la parte más importante del trabajo y del armado de las colecciones”, explica Iris sobre su proceso creativo. Cada una de sus colecciones se basan en un concepto definido y tienen su propia narrativa: para crear Invasión de Radiación, Iris se inspiró en las señales y las radiaciones que se utilizan en las telecomunicaciones; la colección Sinestesia partió del estudio del fenómeno neurológico que produce una mezcla de percepciones sensoriales y que permite a quienes lo padecen “ver” la música o “saborear” los colores; Magnetic Motion se basó en sus visitas al CERN (Organización Europea para la Investigación Nuclear), y en el trabajo con imanes que realizó en colaboración con el artista Jólan van der Wiel. Sin embargo, algo se repite de manera constante en todos sus trabajos, esa fascinación por un universo conceptual futurista y de vanguardia, que se escapa de la realidad para expresarse en la frontera entre el sueño y la ciencia. “Hay una enorme cantidad de cosas a nuestro alrededor que usamos y conocemos, pero de las que no somos conscientes. Para mí, esas son las más lindas para explorar, porque puedo hacerlas visibles con mi imaginación. En cambio, no puedo trabajar con referencias visibles ya que no me permiten fantasear”. 





Formada en el Institute of the Arts Arnhem, pasó por el estudio de Alexander McQueen gracias a una beca, completó otra pasantía con los diseñadores Victor&Rolf, y en el año 2007 creó su propia marca. Reticente a caer bajo el embrujo de lo netamente comercial, ella prefiere describir su trabajo como artístico: “para mí la moda es una forma de arte muy cercana a mí y a mi cuerpo. Lo vivo como la expresión de mi identidad combinada con mi deseo, mi estado de ánimo y mis referencias culturales. Vestirse es una forma muy excitante de expresarse”. Van Herpen concuerda con la idea de que la moda es un reflejo más de la sociedad, algo que ya había vaticinado la gran Coco Chanel al decir que “la moda no existe sólo en los vestidos. La moda está en el cielo, en la calle, la moda tiene que ver con las ideas, la forma en que vivimos, lo que está sucediendo”. La diseñadora holandesa asegura que todo su trabajo es un intento de “dejar claro que la moda es una expresión artística y no un simple objeto funcional carente de sentido, o una herramienta comercial. Lo que intento mostrar con mi trabajo es que la moda puede añadir valor al mundo, que puede ser atemporal y que su consumo es menos importante que su concepción”. Podemos concluir entonces que las creaciones de Iris también representan su forma particular de mirar el mundo. En esa mirada amplia, muy conectada con lo que sucede a su alrededor, y decididamente perteneciente al siglo XXI, era casi seguro que debía aparecer la tecnología como una aliada.






Iris tiene una predilección por los materiales innovadores como la poliamida, el rodoide, el megiflex o el plexiglás. Gracias a ellos puede conjugar el virtuosismo técnico con la inteligencia artificial de la tecnología digital. “Crear artesanalmente o con una máquina de coser da grandes posibilidades, pero también impone muchas restricciones. Trabajar directamente en tres dimensiones, con la impresión directa en 3D, para mí es como un sueño porque la idea va de mi cabeza directamente a la ropa sin pasar previamente por el dibujo sobre el papel”. Sus piezas esculturales evocan antiguas formas fosilizadas, extraños seres futuristas que parecen salir de un mundo de realidad virtual, estructuras moleculares y anatómicas surrealistas, logradas a través de complejos ensamblajes de elementos textiles y no textiles. Sus indescriptibles prendas esconden pecheras realizadas en gasa de metal tejido, vestidos-esqueleto hechos en madera, barbas de ballena montadas en forma de armadura, hojas de cuero entrelazadas con cadenas de motor, entre otras excentricidades.








Periodistas y editores opinan que Iris es la diseñadora de moda con la mayor visión de la sastrería como ciencia ficción del momento, ya que su trabajo requiere de la colaboración tanto de científicos como de artistas de variadas disciplinas. Su forma de entender el diseño se aproxima a la actitud del científico: “la ciencia es bella porque es flexible, como entiendo que cualquier forma de creencia, de pensamiento y expresión debería serlo. Justo como lo es nuestra mente”. Pero por las dudas también aclara: “no soy una científica, la inspiración me viene de diferentes campos. Sí es cierto que me veo a mí misma como una diseñadora que está introduciendo varios de esos aspectos en la moda, ese es mi objetivo. No se puede hablar de forma separada del arte o de la ciencia, se trata de tomar inspiración de diferentes campos y trasladarlos a mi trabajo”. Van Herpen es pionera en la utilización de las técnicas de impresión en 3D aplicadas al mundo de la moda. Sus diseños de ropa y calzado, alguno de los cuales están formados por 5.000 pequeñas piezas impresas y después ensambladas, la han convertido en una de las jóvenes creadoras más reputadas y originales de la alta costura y, según mi punto de vista, en la principal discípula de Alexander McQueen. 
Iris se crió en un pequeño pueblo holandés, en una casa sin televisión, ni Internet. Hoy es miembro invitada de la Cámara Sindical de la Alta Costura francesa y sus diseños son elegidos por artistas de la talla de Björk y Lady Gaga. A sus 30 años continúa experimentando de manera incansable y pocos especialistas dudan de que parte del futuro de la moda pasará por sus ideas abiertas y en constante evolución, y por sus manos. 

Dallas Museum of Art.
Mayo a Agosto de 2017.





Texto: Andrea Castro. 

jueves, 8 de junio de 2017

El teatro de la desaparición o la última bacanal

En esta ciudad eterna y multicultural se reunieron los siglos, las culturas y sus protagonistas para celebrar sus vidas pasadas con un banquete sin igual. 
Lo hicieron cerca del cielo y lejos de las miradas de los hombres. Fue una noche estival que trascurrió al amparo de las estrellas y del silencio del museo. Las figuras del pasado cobraron vida, danzaron, bebieron, comieron, se besaron y gozaron del regalo de estar vivos nuevamente en una placentera bacanal. Todos sabían que la fiesta era efímera y que, con los primeros rayos del sol, debían irse tan fugazmente como habían llegado. Todos   sabían que el final era inevitable, pero también sabían que el encanto de esta ciudad maravillosa iba a poder más.
Cuando llegó el momento de la despedida simplemente no pudieron alejarse, no pudieron abandonar la delicia de esa noche de verano. No pudieron desprenderse de la suave brisa, ni del cielo estrellado, tampoco de la silueta de los edificios iluminados que se recortaban en la lejanía, y mucho menos de la quietud algo fantasmal del inmenso parque que se extendía a sus pies. Volver a la semi oscuridad de la bruma de los tiempos dejó de ser una opción, cuando se dieron cuenta que preferían volver a su estado inanimado aquí, en este espacio que, de alguna manera, también es la suma de todos los tiempos. Despreocupadamente, siguieron disfrutando del banquete hasta el final, hasta que el sol, en toda su plenitud, los congeló en un instante único, supremo y atemporal.   






El Museo Metropolitano de Nueva York está festejando los 30 años de esa galería a cielo abierto que es su ya emblemática terraza, bautizada Iris and B. Gerald Cantor. Con tal motivo, su nueva, anual, y especial Roof Garden Commission recayó sobre el artista argentino Adrián Villar Rojas, quien respondió creando la instalación escultórica site especific “The Theater of Disappearance” (El teatro de la desaparición).




La obra evoca un banquete servido por una dama llamada Pompeya, en el cual se reúnen  seres humanos actuales con reliquias de la antigüedad, conformando un conjunto de invitados híbridos y cargados de simbolismos. Rodeando y recostadas sobre largas mesas blancas, a las cuales se arriman sillas igualmente blancas, 16 esculturas realizadas en poliuretano completan el cuadro. Si bien algunas figuras presentan una tonalidad gris peltre, la mayoría son blancas como la nieve, por lo que tanto de día, como de noche,  se potencia ese efecto de instantánea pompeyana, que dota a toda la instalación de un aura misteriosa, poética y nostálgica sin igual. Villar Rojas se tomó muy en serio lo de la celebración y decidió, además de crear esta magnífica obra, rediseñar gran parte de la misma terraza (la pérgola, el paisaje vegetal circundante, el suelo en forma de damero renacentista, las áreas de descanso, el bar y su menú), y trabajar con las piezas del museo, que forman parte de la inmensa colección que éste alberga debajo de su propia obra. 





El artista tuvo acceso a todas las colecciones y “asumió la tarea colosal de revisarlas desde un punto de vista personal socio-histórico, reinterpretándolas con libertad fuera de los marcos curatoriales e históricos -dijo Sheena Wagstaff, directora del Departamento de Arte Moderno y Contemporáneo del MET-. En el proceso, puso contra un espejo lo que hacemos aquí, cuestionando la forma en que presentamos la historia cultural en el tiempo." Aproximadamente unas cien réplicas exactas de objetos pertenecientes a distintas civilizaciones se entremezclan con otras hechas a partir de modelos representados por amigos y conocidos del autor. Entre las figuras contemporáneas se encuentra el propio brazo de Adrián haciendo el clásico gesto metalero de los cuernos con su mano.



Adrián incorporó imágenes de sus propias manos en varias obras. En ésta se la ve haciendo el  típico gesto de los cuernos.


Los pequeños objetos y la vajilla que se encuentra sobre las mesas y esparcidos a lo largo de las escenas fueron realizados en base a piezas originales de las colecciones greco romana y de arte africano del Museo. 







Combinación de las réplicas de la obra "Mexican Girl Dying", tallada en mármol en 1848 por Thomas Crawford, y un poste perteneciente auna casa tallado en madera por el pueblo de Latmul de Papua, Nueva Guinea.


Durante el mes de enero de este año, Adrián recorrió el museo para elegir las piezas que formarían parte del trabajo. “Me impacta ver cómo las cosas son parte de la vida cotidiana de la gente, y luego el museo las congela y las saca de esas experiencias que compartimos los humanos”, declaró el artista en ese entonces. También le dijo el New York Times que para crear su instalación imaginó “un museo sin divisiones, sin geopolítica, totalmente horizontal". De esta idea se desprende ese toque surrealista, que la mezcla de civilizaciones y tiempos diametralmente opuestos, confieren a todo el conjunto escultórico. Cada una de las piezas que finalmente quedaron seleccionadas fueron registradas mediante dos técnicas: la “fotogrametría”, un procedimiento que crea modelos en tres dimensiones a partir de fotos tomadas con una cámara convencional; y un scaneado  laser que tomó millones de puntos y con ellos hizo un modelo tridimensional. Por último se materializaron los objetos más pequeños con una impresora 3D, y las figuras más grandes con una procesadora que las esculpió a partir de un bloque de poliuretano.




Los jefes de fotografía del museo Oi-Cheong Lee y Joseph Coscia escanean la escultura  egipcia de Haremhab, el escriba del rey. 



Estatua egipcia del rey Haremhab como escriba real, del año 1336 AC, con mujer en zapatillas cabalgando sobre sus hombros. La cabeza de la dama es una réplica de la imagen de la deidad hindú Ganesha, del siglo XVIII. Con la mano izquierda, Ganesha levanta  otra  reproducción de una escultura de Tutankamón, con la derecha cubre los ojos de Haremhab. 









Villar Rojas, en su texto de presentación para el MET, cuenta que se inspiró en el cuento de Borges “Del rigor en la ciencia” para crear su instalación. En otras entrevistas agrega: "pienso todo esto como un Ready Made de la cultura universal". “Mi obra busca dialogar tanto con la visión, como la división del patrimonio del MET, con toda la cartografía completa de la cultura humana que parece emerger de  sus diferentes alas y salas”.   



Texto: Andrea Castro. 
Fotos: Museo Metropolitano de Nueva York y Mario Caporali
Desde el 14 de abril al 29 de octubre. Roof Garden Museo Metropolitano de NY. 


Copia de un caballero de piedra caliza del siglo XIII, procedente de una abadía francesa, junto a réplicas de placas persas de 1.500 años de antigüedad, y el modelo 3AD de una mujer actual acurrucada junto a él.

domingo, 21 de mayo de 2017

El abismo de Balenciaga

La muestra “Balenciaga, l'oeuvre au noir” (“Balenciaga, el abismo”) que se exhibe hasta el 16 de julio en el Museo Bourdelle de París, es una de las tres exposiciones europeas que este año celebrarán los cien años de la apertura del primer taller de Cristóbal en la ciudad de San Sebastián, y los ochenta de su desembarco triunfal en la ciudad luz. 


Tal como lo hizo con el trabajo de la exquisita creadora Madame Grès en el año 2011, el programa extra muros del Museo Galliera, vuelve a utilizar el recurso de acompañar las obras del escultor Antoine Bourdelle con los trajes de Balenciaga, generando un diálogo de formas y texturas que transforma, tanto a la piedra como a la tela, en superficies semejantes para el desarrollo de la pasión artística. A diferencia de la exhibición de Madame Grés, que fue una retrospectiva, la muestra de Balenciaga se centra en un aspecto particular de su trabajo como couturier: su amor incondicional por el negro. 


Este no color será una parte muy importante de ese abismo creativo al que deberemos sumar, su inagotable inspiración española, su pasión por la perfección y la confección realizada íntegramente a mano, y su desesperación por alcanzar las formas más puras, simples y abstractas en la moldería de sus diseños. Ricos bordados y pasamanerías, volúmenes experimentales inverosímiles para la época, líneas rectas y depuradas que envuelven el cuerpo sin oprimirlo, siluetas trapezoidales que eliminan el talle, y puntuales detalles de color, son sólo algunas de las características que darán a sus trajes negros, la vida y la magnificencia que no les daría ninguna paleta cromática. 




Entre bustos, imponentes bajorrelieves, gigantescos centauros, paneles de madera, o dentro de altas vitrinas vidriadas, se refugian los diseños de línea tonneau o barril de 1947; los trajes semientallados con volumen en la espalda de 1951; los vestidos túnica y saco de 1955 y 1957 respectivamente; el original vestido baby doll de 1958; sus trajes sastre de chaquetas cortas y talle imperio de 1959; y sus últimas creaciones circa 1967 que prácticamente rozan la abstracción. Sombreros y accesorios, íntegramente diseñados en negro, complementan las prendas y dan una idea de la capacidad multifacética de este gran diseñador. 









Cristóbal Balenciaga tuvo el privilegio de ser reconocido y admirado en vida, no sólo por la prensa, el mundo de la moda y sus famosas clientas (“Balenciaga no precisa tomar medidas, las calcula mentalmente y sus vestidos no necesitan retoques”, solía decir Marlene Dietrich), sino por sus propios colegas. Cocó Chanel declaró: “él es el único de nosotros que es un verdadero couturier, en todo el sentido de la palabra. Sólo él es capaz de cortar los tejidos, montarlos y coserlos a mano”. Y Christian Dior no se quedó atrás: “la alta costura es como una orquesta cuyo director es Balenciaga. Los demás modistos somos los músicos que seguimos las indicaciones que él nos da”.





Pero a pesar de los elogios, los éxitos comerciales, y los reconocimientos (el gobierno francés le otorgó el título de Chevalier de la Légion d’honneur por sus servicios a la industria de la moda), el caballero español no resiste la irrupción del Prêt-à-Porter y los rotundos cambios que se ciernen sobre el mercado de la moda futura. Sabiamente decide retirarse a tiempo, consciente de que no podrá tolerar las nuevas reglas de ese flamante mundo fashion que hoy, en pleno siglo XXI, pide a gritos un cambio de paradigma para no terminar hundiéndose en la decadencia más profunda. En 1968, Balenciaga presenta su última colección en primavera y anuncia su retiro, así como el cierre de todas sus casas tanto en París como en Madrid, Barcelona y San Sebastián. El gran maestro deja la Alta Costura tras cincuenta años de plena dedicación a su oficio y se oculta en la pequeña localidad de Jávea, en Alicante, para morir de tristeza solo cuatro años después.  

“Un buen modisto debe ser: arquitecto para los moldes, escultor para la forma, pintor para los dibujos, músico para la armonía y filósofo para la medida.” Cristóbal Balenciaga. 


El 27 de mayo se inaugurarán las dos muestras restantes, mencionadas al comienzo de este texto. “Balenciaga: Shaping Fashion” (“Balenciaga: dándole forma a la moda”) será una gran retrospectiva que albergará el Victoria and Albert Museum de Londres, hasta el 18 de febrero del 2018. Contará con alrededor de 100 prendas y unos 20 sombreros, centrándose especialmente en la producción de los años 50 y 60 del modisto. Se dividirá en tres secciones: el salón, el taller y el legado de Balenciaga.
“Collecting elegance, Rachel L. Mellon Collection”, producida bajo la dirección de Hubert de Givenchy, se podrá disfrutar en el Museo Balenciaga de Guetaria, ubicado en el País Vasco, hasta el 25 de enero de 2018.  Rachel Lambert Mellon (1910–2014), conocida como Bunny, fue una de las grandes damas de la alta sociedad norteamericana del siglo XX. Heredera de una gran fortuna, filántropa, coleccionista de arte, diseñadora de jardines, entre ellos el famoso Rose Garden de la Casa Blanca, Rachel fue el arquetipo de la clientela de Balenciaga. Integró el selecto grupo de mujeres adineradas, sensibles y en permanente búsqueda de la belleza, tanto en los objetos que coleccionaban, como en los que las rodeaban. Mellon confió a Cristóbal su vestuario por más de una década: más que una gran clienta, fue una amiga personal del modisto, lo cual se puede ver reflejado en las adaptaciones y en los diseños especiales que se confeccionaron en la Maison únicamente para ella, y que el propio Balenciaga transfirió́, al retirarse, a Hubert de Givenchy.


“Conocer a Cristóbal Balenciaga fue una de las alegrías especiales de mi vida. Fue un amigo muy querido. Diseñó mi vestuario durante diez años. Comprendía el lujo y la simplicidad con una profunda sensibilidad. Sus vestidos de noche y sus abrigos eran indescriptiblemente fascinantes. Los diseños para el día se adaptaban a la perfección a la vida de sus clientas. Así, trabajando en jardinería, yo tenía blusas anchas de algodón de lino y faldas lisas. Su encanto, su sonrisa y su dedicación al diseño se veían reflejados en su tranquila presencia”. Bunny Mellon.